Vivir en la abundancia

Las palabras solo tienen el significado que nosotros les damos.

Una palabra por sí misma no es nada, sino la designación de un objeto, un hecho, una idea. La misma palabra, en distintos contextos —e incluso en distintas zonas geográficas—, tiene significados diferentes, tanto para el que la pronuncia como para el que la recibe.

Si esto ocurre al designar un objeto o un hecho, en cuanto al significado de la palabra que designa una idea las diferencias todavía son más notables. Ante una misma palabra/idea (amor, felicidad, éxito, …) cada persona tiene una imagen, una definición propia para dicho concepto. Continúa leyendo Vivir en la abundancia

Así piensan (y actúan) los ricos

En su celebérrimo libro “Los secretos de la mente millonariaT. Harv Eker sostiene que los ricos lo son, entre otras razones, porque tienen y desarrollan una serie de actitudes mentales que facilitan la riqueza.

Según su tesis, los ricos lo son porque piensan y actúan de forma diferente que el resto de las personas y ese conjunto de pensamientos y actitudes son, precisamente, los que hacen que dichas personas lleguen a ser ricas. Continúa leyendo Así piensan (y actúan) los ricos

Expectativas, deseos y destino

No debemos dejar que las expectativas o los deseos de los demás determinen nuestro destino

Una bonita frase, preciosa, que deberíamos grabarnos en la mente; pero qué difícil de llevar a cabo…

Porque llevarla a cabo supone pensar y decidir por sí mismo, salir de la zona de confort, enfrentarse —en muchos casos— a esos otros que quieren marcar nuestros destinos en función de sus expectativas.

Y seguramente lo hacen con la mejor de las intenciones, no hay que dudarlo, pero de acuerdo con sus parámetros, experiencias y pensamientos. De acuerdo con su programación mental.

Pero cada uno de nosotros somos únicos. Tenemos nuestra propia vida, nuestras propias experiencias —nuestra propia programación mental—, y en función de todo ello tomamos decisiones, intentamos vivir.

A pesar de ello, muchas veces no vivimos nuestra propia vida, sino la que, fruto de esa programación, de esa presión ambiental (cultural, familiar, de amistad), hacemos más caso a las expectativas que otros tienen sobre nosotros mismos más que a lo que deseamos hacer. No hacemos ‘lo que nos pide el cuerpo’, sino que intentamos complacer las expectativas e ilusiones de otros.

No vivimos nuestra vida, sino la que a otros les gustaría que viviéramos.

Vivir la vida propia supone romper con esas expectativas, enfrentarse a los demás, e incluso a sí mismo, a los miedos propios. Pensar por uno mismo, y actuar en consecuencia.

Y qué difícil es pensar por uno mismo… que difícil enfrentarse a la programación mental, a lo que los demás, la sociedad en su conjunto, espera de nosotros, desea para nosotros.

Cuánto más fácil es dejarse llevar, no pensar, no decidir, no actuar.

Que es lo que hace la inmensa mayoría de la gente. No pensar, no cuestionar, dejar pasar la vida, esperar la jubilación tras unos años de trabajo más o menos gratificantes; y sentirse frustrados, vacíos, hueros, yecos… porque su vida no ha representado nada, ni para sí mismo ni para los demás. Depresión, soledad interna, vacío. Aburrimiento y deseo de que todo acabe.

¿Qué expectativas tienen los demás —familia, amigos, la sociedad en su conjunto—, sobre uno? ¿Están esas expectativas alineadas con los objetivos vitales?

Claro que, para eso, lo primero es tener un objetivo en la vida… además de vivirla y dejarla pasar esperando el fin…

También es cierto que marcarse un objetivo supone pensar por uno mismo, y, como consecuencia, actuar. Contra todo y contra todos, si fuera necesario. ¿Quién está dispuesto a semejante lucha?

¿Qué destino nos espera si no somos fieles a nuestras propias expectativas?

Reorganización de los prejuicios

Reorganización de nuestros prejuicios

El cambio es la clave. Es lo que vemos que hace el mundo a nuestro alrededor.

El cambio, el cambio real, es un trabajo duro . Y cambiar nuestras propias mentes es lo más difícil para empezar.

Pero también es el único lugar donde empezar.

Es difícil encontrar la palanca para cambiar la forma en que vemos el mundo, difícil de tirar de las correas de transmisión de nuestro pensamiento. Pero es urgente.

Un gran número de personas piensan que están pensando cuando están simplemente reorganizando sus prejuicios … ”
William James

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¡Descruza los brazos!

Una actitud muy típica de casi cualquiera es la de cruzar los brazo sobre el pecho. Desde el punto de vista de quienes analizan el lenguaje corporal, cruzar los brazos tiene múltiples significados, especialmente en relación al contexto. Por ejemplo, cruzamos los brazos cuando hace mucho frío, en un intento de darnos calor; o los cruzamos cuando nos aburrimos, o cuando tenemos una sensación de amenaza, en un intento de protegernos de esa posible amenaza.

Pero hay una situación, de la que quiero hablar hoy, en la que cruzarse de brazos tiene una significación especial, y es, precisamente, cuando sentimos un enfrentamiento exterior. Continúa leyendo ¡Descruza los brazos!