Haz algo grande. Solamente porque tu puedes

Haz algo grande.

No porque se vaya a vender.

No porque sea una prueba.

No porque sea tu trabajo.

Solamente porque tu puedes.

La alternativa (esperar que el mundo se alinee de una forma que te permita hacer algo grande) es algo que no merece la pena esperar ¿verdad?.

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¿Qué tal si lo escribimos?

Gracias, vamos a escribir esto.

Una forma de tratar con los clientes, con las críticas, y con la retroalimentación es no insistir en resolverlo todo en el momento.

Tener retroalimentación no tiene por qué ser lo mismo que la resolución de la retroalimentación.

Es tentador desafiar cada bit de crítica, explicar tu forma de pensar, justificar tus decisiones. Este ida y vuelta parece eficiente, pero falla en acabar con los problemas. Continúa leyendo ¿Qué tal si lo escribimos?

Esperanza

La esperanza es la materia prima con la que se construye el éxito. Se materializa en la fe, la fe en determinación y la determinación en acción. Surge principalmente de tu imaginación, de tus sueños de un mundo mejor, una vida mejor, un futuro mejor.

Si hay esperanza, podrás elegir una meta definida en la vida y hacerla realidad. Hace años, por ejemplo, James. H. Hill, personaje importante de los ferrocarriles, era un simple empleado en una oficina de telégrafos que transmitía un mensaje de una mujer a una amiga que había perdido a su marido. Se inspiró en lo que decía el mensaje: «Que la esperanza de reunirte con tu esposo en un mundo mejor mitigue tu dolor». Continúa leyendo Esperanza

Así piensan (y actúan) los ricos

En su celebérrimo libro “Los secretos de la mente millonariaT. Harv Eker sostiene que los ricos lo son, entre otras razones, porque tienen y desarrollan una serie de actitudes mentales que facilitan la riqueza.

Según su tesis, los ricos lo son porque piensan y actúan de forma diferente que el resto de las personas y ese conjunto de pensamientos y actitudes son, precisamente, los que hacen que dichas personas lleguen a ser ricas. Continúa leyendo Así piensan (y actúan) los ricos

Expectativas, deseos y destino

No debemos dejar que las expectativas o los deseos de los demás determinen nuestro destino

Una bonita frase, preciosa, que deberíamos grabarnos en la mente; pero qué difícil de llevar a cabo…

Porque llevarla a cabo supone pensar y decidir por sí mismo, salir de la zona de confort, enfrentarse —en muchos casos— a esos otros que quieren marcar nuestros destinos en función de sus expectativas.

Y seguramente lo hacen con la mejor de las intenciones, no hay que dudarlo, pero de acuerdo con sus parámetros, experiencias y pensamientos. De acuerdo con su programación mental.

Pero cada uno de nosotros somos únicos. Tenemos nuestra propia vida, nuestras propias experiencias —nuestra propia programación mental—, y en función de todo ello tomamos decisiones, intentamos vivir.

A pesar de ello, muchas veces no vivimos nuestra propia vida, sino la que, fruto de esa programación, de esa presión ambiental (cultural, familiar, de amistad), hacemos más caso a las expectativas que otros tienen sobre nosotros mismos más que a lo que deseamos hacer. No hacemos ‘lo que nos pide el cuerpo’, sino que intentamos complacer las expectativas e ilusiones de otros.

No vivimos nuestra vida, sino la que a otros les gustaría que viviéramos.

Vivir la vida propia supone romper con esas expectativas, enfrentarse a los demás, e incluso a sí mismo, a los miedos propios. Pensar por uno mismo, y actuar en consecuencia.

Y qué difícil es pensar por uno mismo… que difícil enfrentarse a la programación mental, a lo que los demás, la sociedad en su conjunto, espera de nosotros, desea para nosotros.

Cuánto más fácil es dejarse llevar, no pensar, no decidir, no actuar.

Que es lo que hace la inmensa mayoría de la gente. No pensar, no cuestionar, dejar pasar la vida, esperar la jubilación tras unos años de trabajo más o menos gratificantes; y sentirse frustrados, vacíos, hueros, yecos… porque su vida no ha representado nada, ni para sí mismo ni para los demás. Depresión, soledad interna, vacío. Aburrimiento y deseo de que todo acabe.

¿Qué expectativas tienen los demás —familia, amigos, la sociedad en su conjunto—, sobre uno? ¿Están esas expectativas alineadas con los objetivos vitales?

Claro que, para eso, lo primero es tener un objetivo en la vida… además de vivirla y dejarla pasar esperando el fin…

También es cierto que marcarse un objetivo supone pensar por uno mismo, y, como consecuencia, actuar. Contra todo y contra todos, si fuera necesario. ¿Quién está dispuesto a semejante lucha?

¿Qué destino nos espera si no somos fieles a nuestras propias expectativas?