Creencias limitantes, creencias potenciadoras

Sobre las creencias y las carencias

No pretendo otorgarme la autoría de nada que no sea mío, pero sí que es cierto que muy a menudo encuentro artículos de gran interés por su contenido, artículos que quiero guardar más allá de herramientas como Evernote o similares.

Y no solo guardar, sino compartir, hacer más visibles, pues los considero de gran interés y ayuda para quien los lea.

Este es el caso hoy. Dentro de todo lo que últimamente estoy leyendo sobre coaching (¡Gracias, Koro, por haberme abierto esta puerta!), he leído un post (muy) interesante de Pedro González Villalaba sobre las creencias y las carencias que traigo aquí con algunas modificaciones y comentarios.

Las Creencias

Una creencia es una certeza que tenemos sobre algo. Las necesitamos, porque configuran un sistema que da orientación a nuestra forma de conducirnos por la vida. Nos guían en unas determinadas direcciones, y, ¡ojo!, también nos impiden ir en otras.

Pero no solo las necesitamos, sino que, queramos o no, están ahí, en nuestra mente, escondidas (o no) en los entresijos del cerebro. Forman parte de nuestro ser, de nuestra esencia única e individual.

De hecho, somos lo que pensamos, vivimos lo que pensamos.

No es necesario mucho esfuerzo para que se instale una creencia en nuestro sistema de pensamiento. En muchas ocasiones basta con una vez que pase algo para que ese pensamiento se instale en nosotros y lo demos por válido a partir de ese momento.

Por ejemplo, imagina que te sientes atraído por jugar al tenis; un día vas a jugar por primera vez y se te da fatal, e incluso puede que te hayas producido una pequeña lesión. Es posible que justo entonces decidas que “esto del tenis no es para mí” y no vuelvas a practicarlo. Se acaba de instalar esa creencia en tu cerebro, en tu sistema mental.

Pero ten en cuenta que en ese momento no estás valorando en su totalidad la experiencia de jugar al tenis, la realidad completa: era la primera vez que lo hacías (¿qué esperabas? ¿ser Nadal?), no sabes posicionarte en la cancha, no sabes golpear la pelota, posiblemente no hiciste el calentamiento adecuado, etc. ¿Te suena? Todos hemos vivido alguna realidad así.

Además, muchas creencias ni siquiera proceden de experiencias vividas, sino que han sido heredadas de alguien que para nosotros tiene/tenía un peso o influencia importante en nuestra vida. Una frase típica en este sentido, que seguro que todos hemos oído en muchas ocasiones: “No te fíes ni de tu padre”. Y probablemente la hemos oído de niños, cuando somos como esponjas que absorbemos y aceptamos todo aquello que nos llega, todo lo que nos dicen las personas con influencia sobre nosotros, como nuestros padres o abuelos.

Si adoptamos este dogma en nuestro sistema de creencias nos perderemos muchas cosas buenas de los demás y nuestras relaciones con otros nunca serán totalmente satisfactorias. ¡Claro que hay personas de las que no uno no se puede fiar, pero son menos que aquellas de las que sí!

Creencias potenciadoras y creencias limitantes

Hay dos tipos de creencias:

  • Creencias potenciadoras, que nos favorecen y estimulan nuestro crecimiento personal, y
  • creencias limitantes, que nos limitan y reducen nuestro mundo intra y/o interpersonal, como las de los ejemplos anteriores.

Ni unas ni otras se dan en todos los casos.

Si creemos que “todo esfuerzo tiene su recompensa”, seguramente este pensamiento nos lleve a esforzarnos en la vida, a tener tesón, constancia, perseverar. En muchas ocasiones esta creencia potenciadora nos ayudará a obtener excelentes resultados, aunque no existe la certeza de que siempre vaya a ocurrir. Te puedes dejar la piel trabajando en pos de algo y no conseguir recompensa alguna; tal vez por mala suerte, tal vez porque el objetivo no estaba bien formulado, tal vez porque el objetivo sí era válido, pero el camino escogido para conseguirlo no era el adecuado, etc.

Si, utilizando el mismo principio, tienes la creencia “no valgo para la tecnología”, no dedicarás tiempo a conocer sus entresijos, no aprenderás a manejar ciertos dispositivos, programas y aplicaciones, huirás de situaciones en las que te tengas que enfrentar a ella, y siempre dependerás de otros para que te solucionen problemas con el PC o el móvil.

En resumen, las creencias limitantes producen carencias en nuestras conductas y en nuestras competencias.

Ejercicios

De cara al crecimiento personal, a la mejora continua como personas (para nosotros mismos y para los demás), es importante evaluar periódicamente nuestras creencias limitantes.

Algunas de estas creencias son fáciles de detectar, como las de los ejemplos; para otras, será necesario aprender a observar nuestros pensamientos (que podemos hacer siendo conscientes de cuáles son nuestras emociones y de cómo actuamos) para poder tomar conciencia de las mismas.

Para modificar (o eliminar de nuestra mente) una creencia limitante, podemos hacer este ejercicio:

  1. Escribe una lista con las consecuencias que está teniendo para ti esa creencia. Siguiendo con el ejemplo de la tecnología: no me aprovecho de numerosas comodidades que aporta manejar con soltura los dispositivos electrónicos, dependo de otros cuando tengo problemas tecnológicos, pierdo tiempo en cosas que podría hacer online, me siento inferior a otros que sí se manejan bien, etc.
  2. Reformula esa creencia como potenciadora. “Puedo aprender a utilizar la tecnología”. Siempre en positivo, evitando palabras negativas o limitantes, como no, pero…
  3. Detalla los beneficios que tendrías sustituyendo la creencia limitante por esta nueva.
  4. Haz un pequeño balance entre lo que te está restando la creencia que quieres cambiar y lo que te aportaría la nueva.
  5. A estas alturas, ya has comprobado los beneficios que va a tener para ti cambiar la creencia, con lo que dispones del elemento clave para el cambio: ¡motivación!. Recuerda que motivación es tener motivos… 🙂
  6. Formula un objetivo relacionado con la nueva creencia siguiendo los pasos explicados en esta otra entrada.
  7. Establece un plan de acción con metas cercanasobjetivos específicos que te lleven al destino deseado: Inscribirte a un curso online sobre manejo del PC, quedar un día a la semana durante una hora con ese amigo que se desenvuelve con soltura en el tema para que te enseñe, aprender a manejar al menos una nueva aplicación en el móvil todos los meses (banca online, escáner, pago de aparcamiento en zona vigilada), etc.

Y así con cada una de las creencias limitantes que encuentres en tus pensamientos, que te estén limitando y te gustaría cambiar.

(Nota: con razones no se consigue cambiar una creencia; hay que atacar el corazón, el sentimiento.)

Sugerencias sobre los ejercicios.

  1. Elige un lugar en el que sientas cómodo y relajado, sin interrupciones de ningún tipo. Posiblemente no necesitarás más allá de 15 minutos.
  2. Escribe con papel y bolígrafo. Los resultados son mejores que si lo haces así que si lo haces con el ordenador.
  3. Un refuerzo muy importante es la repetición constante de la refomulación que hemos hecho de la creencia limitante, varias veces al día, en voz alta a ser posible. Cuanto más profunda y más nos afecte esa creencia limitante, más tiempo deberíamos estar repitiéndonos esta reformulación positiva.
  4. Si podemos establecer más de una refomulación positiva de la creencia limitante, más poderosos y rápidos serán sus efectos.
  5. A no olvidar el objetivo, el plan de acción, metas cercanas, micro-objetivos específicos y plazos realistas.

En este proceso de cambio de creencias habrá momentos de duda, inseguridad por desconocimiento (¡nos obligamos a salir de la zona de confort!), mayor complejidad de la esperada en algunas situaciones.

Sí, eso ocurrirá. Pero si vas paso a paso y vas cumpliendo las pequeñas metas que te marques, observarás cómo tu antigua creencia se va diluyendo dando paso a una nueva visión sobre el tema en el que estabas limitado, y verás cómo se va abriendo un mundo de nuevas y estimulantes posibilidades.

2 comentarios sobre “Sobre las creencias y las carencias”

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