Entusiasmo

Ralph Waldor Emerson dijo una vez: “No se puede alcanzar la grandeza sin entusiasmo“.

En el gran tabernáculo mormón de Salt Lake City un orador tenía que hablar durante cuarenta y cinco minutos. Habló durante más de dos horas. Cuando terminó, diez mil hombres y mujeres se levantaron y le aplaudieron durante cinco minutos. Continúa leyendo Entusiasmo

Paciencia

Los  americanos tienen prisa. La gente de otros países considera que ésta es una de sus principales características. Y tienen razón. Es un rasgo nacional que viene de esa energía de búsqueda que constituye su principal fuente de poder.

Pero esa misma energía —esa fuerza impulsora que exige respuesta inmediata— puede ser a la vez una fuente de debilidad, porque también les ha hecho la gente más impaciente del mundo. En tiempo de guerra, muchos de sus soldados vivieron situaciones de gran desventaja debido a la típica impaciencia norteamericana. Con frecuencia se exponían al fuego enemigo innecesariamente, en lugar de burlarlo. Continúa leyendo Paciencia

Esperanza

La esperanza es la materia prima con la que se construye el éxito. Se materializa en la fe, la fe en determinación y la determinación en acción. Surge principalmente de tu imaginación, de tus sueños de un mundo mejor, una vida mejor, un futuro mejor.

Si hay esperanza, podrás elegir una meta definida en la vida y hacerla realidad. Hace años, por ejemplo, James. H. Hill, personaje importante de los ferrocarriles, era un simple empleado en una oficina de telégrafos que transmitía un mensaje de una mujer a una amiga que había perdido a su marido. Se inspiró en lo que decía el mensaje: «Que la esperanza de reunirte con tu esposo en un mundo mejor mitigue tu dolor». Continúa leyendo Esperanza

A vueltas sobre los ricos… Ricos buenos, ricos malos.

Es muy habitual, cuando se piensa en “los ricos”, tener una serie de emociones contradictorias. Por una parte, de cierta envidia, porque ellos lo son, y por otra parte, tratando de justificar el hecho de que no se es “rico” con el pensamiento de que “los ricos no son buena gente”, que los ricos han creado su fortuna a costa de los demás, engañando a los demás e incluso delinquiendo.

Pensamientos todos ellos fruto no solo de la programación mental a la que estamos sometidos (se nos han incrustado en la cabeza desde la más tierna infancia), sino porque además los medios de comunicación de masas son expertos en presentarnos solamente a “los ricos” que han conseguido su dinero de una forma poco clara o que, incluso, han delinquido para hacerlo. Continúa leyendo A vueltas sobre los ricos… Ricos buenos, ricos malos.

Así piensan (y actúan) los ricos

En su celebérrimo libro “Los secretos de la mente millonariaT. Harv Eker sostiene que los ricos lo son, entre otras razones, porque tienen y desarrollan una serie de actitudes mentales que facilitan la riqueza.

Según su tesis, los ricos lo son porque piensan y actúan de forma diferente que el resto de las personas y ese conjunto de pensamientos y actitudes son, precisamente, los que hacen que dichas personas lleguen a ser ricas. Continúa leyendo Así piensan (y actúan) los ricos

Sinceridad

Para obtener el éxito se necesita una meta definida en la vida. La oportunidad de alcanzar esta meta es mucho mayor si se tiene el deseo sincero de brindarles a los demás un mejor producto o servicio.

La sinceridad tiene su recompensa en la satisfacción personal, el amor propio y la capacidad espiritual de vivir con uno mismo veinticuatro horas al día.

Nuestra manera de actuar nos puede hacer sentir el mayor respeto por ese yo invisible que nos conduce a la gloria, la fama y la riqueza, o nos puede relegar a la miseria y el fracaso.

Un amigo de Abraham Lincoln le dijo una vez que sus enemigos estaban calumniándole a sus espaldas.

—No me importa lo que digan —le contestó Lincoln— siempre y cuando no sea verdad.

La sinceridad de propósito hacía a Lincoln inmune al temor a la crítica.

La sinceridad es primordial, y por tanto los demás tienen derecho a cuestionarla antes de entregarnos su tiempo, su energía o su dinero.

Antes de emprender algo, pon a prueba tu propia sinceridad. Hazte la siguiente pregunta: «Además del beneficio económico personal que busco en lo que voy a emprender, ¿los servicios o productos que ofrezco corresponden al sueldo que voy a percibir, o pretendo alcanzar ganancias sin ningún esfuerzo?»

Cuesta mucho convencer a los demás de nuestra sinceridad, pero es algo que tenemos que estar siempre dispuestos a hacer.

Martha Berry fundó una escuela, en una zona pobre de Georgia del Norte, para niños y niñas de la montaña cuyos padres no podían pagarles educación alguna. Al principio costó mucho trabajo sacar la escuela adelante pues necesitaba mucho dinero para poder llevar a cabo sus planes. Finalmente logró entrevistarse con Henry Ford. Le explicó lo que estaba haciendo y le pidió una modesta donación. Él se negó.

—Pues entonces —dijo la señorita Berry— ¿nos dará cincuenta kilos de cacahuetes?

A Ford le hizo tanta gracia lo que le pedía que le dio el dinero para los cacahuetes. La señorita Berry ayudó a sus alumnos a plantar los cacahuetes una y otra vez hasta conseguir una considerable cantidad de dinero. Entonces fue a ver a Ford y le mostró como había multiplicado su modesta donación. A Ford le impresionó tanto que donó los tractores y la maquinaria necesarios para que su granja-escuela se pudiera sostener y llegara a ser autosuficiente. Al cabo de los años donó más de un millón de dólares para ayudar a construir un de los edificios de piedra más bellos del campus.

—Me impresionó —dijo él— con su sinceridad y la manera increíble de ayudar a los niños necesitados.

Puesto que creía tanto en lo que hacía, consiguió convercer al escéptico de Henry Ford para que le prestara su colaboración a pesar de la reserva inicial. Había podido demostrar, más allá de cualquier expectativa, que estaba comprometida en una causa tan noble que nunca se rendiría ante la adversidad.

Cuando las cosas se ponen difíciles, como muchas veces sucede, tu sinceridad de propósito te dará la fuerza para seguir adelante. Si tienes realmente la convicción de que proporcionas el equivalente a lo que recibes, convencerás a las personas con las que tratas.

Puedes alcanzar tus objetivos en la vida si convences a los demás de que tienes el deseo sincero de ayudarles.

Si lo haces no tendrás que preocuparte más por los tiempos tiempos difíciles. Tendrás más trabajo del que puedas imaginar.

(“Rico en un año“. Napoleón Hill. Semana 6: Sinceridad)

 

La fuerza nace de la lucha

La lucha es un instrumento muy eficaz a través del cual la naturaleza nos obliga a evolucionar, crecer y progresar. Puede ser un suplicio o una experiencia maravillosa; todo depende de nuestra actitud. El éxito sin lucha es imposible, e incluso impensable.

La vida, desde el nacimiento hasta la muerte, es una lucha constante e inevitable. El aprendizaje que hacemos durante las pequeñas luchas a las que nos enfrentamos es acumulativo: aprendemos un poco de cada experiencia. Continúa leyendo La fuerza nace de la lucha

¿Por qué algunos triunfan y otros fracasan?

Esta pregunta ha intrigado a la humanidad desde que los seres humanos decidieron que no querían vivir en cuevas y empezaron a buscar un modo de vida más cómodo. Tal vez las comparaciones que siguen entre las personas que tienen éxito y las que fracasan puedan contestar a la pregunta.

Las personas que alcanzan el éxito saben exactamente lo que quieren, tienen una estrategia para conseguirlo y dedican a ello la mayor parte de su tiemplo. Las personas que fracasan no tiene un propósito definido en la vida, creen que el éxito es producto de la suerte y solo actúan cuando se ven obligadas a hacerlo. Continúa leyendo ¿Por qué algunos triunfan y otros fracasan?

El incentivo que conduce al éxito

La mayor recompensa que ofrece el éxito es la satisfacción personal.

Aunque con frecuencia consideramos que el éxito se mide por la acumulación de riqueza material, hay otros aspectos que deben tenerse en cuenta. Sin duda éste es un factor importante, pero el verdadero éxito reside en la satisfacción de saber que se ha hecho un buen trabajo y se ha conseguido lo que se quería. Continúa leyendo El incentivo que conduce al éxito

Vive tu propia vida

No alcanzarás la tranquilidad si dejas que otros vivan la vida por ti.

La verdad más profunda que concierne al ser humano es la siguiente: el Creador nos dio el completo e incuestionable derecho de prerrogativa sobre una cosa y solo una: nuestra propia mente. Seguramente su intención era animarnos a vivir nuestras propias vidas, a tener nuestras propias ideas, sin la interferencia de los demás. De lo contrario no nos hubiera dado un dominio tan claro sobre nuestras mentes. Continúa leyendo Vive tu propia vida