Definición de objetivos: una metodología

Uno de los mayores problemas en el proceso de cambio es saber hacia dónde cambiar, si aquello que pensamos es, efectivamente, lo que queremos o no pasa de ser una ensoñación de una vida diferente.

Nos planteamos objetivos difusos, objetivos que hay que definir de forma más concreta, y aún así, cuando lo hacemos, no tenemos la convicción de que sean objetivos reales, quizás porque no somos capaces de definirlos de una forma concreta, válida y plausible. Continúa leyendo Definición de objetivos: una metodología

Piensa por qué lo empezaste…

Hay días que las redes sociales y los contenidos que algunas personas comparten nos llevan a la reflexión sobre hechos de nuestra vida. Sí, hay muchas, todos los días, pero algunas llegan más adentro que otras.

Una de estas frases (vista/encontrada hoy) nos acerca a una reflexión interesante desde muchos puntos de vista.

‘Cuando pienses en dejarlo, piensa por qué empezaste’

Continuamente empezamos cosas, acciones en nuestra vida. Septiembre, a la salida del verano, con el comienzo de un nuevo año escolar, a la vuelta de las vacaciones, suele ser un momento propicio para los buenos propósitos y el inicio de algunas acciones; desde bajar peso, dejar de fumar, retomar los estudios de inglés, perfeccionar nuestra técnica en un deporte, organizar mejor la economía personal… un montón de deseos que raramente se convierten en realidad.

Comenzamos con ganas y fuerzas y… con el paso de los días, otras cuestiones toman el control de nuestra mente, de nuestra vida, y abandonamos lo iniciado, la mayor parte de las veces sin ni siquiera darnos cuenta. Al cabo de algún tiempo, solo entonces, nos damos cuenta que no perseveramos en el propósito, lo que nos entristece, nos hace sentirnos mal por no haber continuado.

¿Por qué nos ocurre esto? En primer lugar, porque no somos totalmente conscientes de nuestros pensamientos, emociones y acciones. Apenas si pensamos en lo que hacemos, cuándo lo hacemos y por qué lo hacemos. Nuestra mente es perezosa, no le gustan los cambios, y salvo que estemos alertas a nuestros pensamientos —y acciones, consecuentemente—, rápidamente nos lleva de nuevo a la zona de confort, donde no tiene que esforzarse.

En segundo lugar, porque en la mayoría de las ocasiones no pasan de ser simples deseos de mejorar, pero faltan dos elementos fundamentales para poder seguir en el camino propuesto: la decisión y el compromiso. Pues no es lo mismo desear, elegir, que tomar la firme decisión de hacerlo y el comprometerse con alcanzar los objetivos. Pero este trinomio elección, decisión y compromiso es lo suficientemente amplio como para requerir otro post.

Por último, aunque suele ser lo más importante, por falta de objetivos y planificación. Nos falta la motivación suficiente (y motivación, en palabras de Alfonso Alcántara, @yoriento en Twitter, es tener motivos).

Y tener motivos (motivación) no es más que tener objetivos.

Cierto que para la mayoría no es fácil plantearse objetivos, cierto. Volvemos a la pereza mental, a salir de la zona de confort. A trabajar para establecer objetivos con decisión y compromiso. Los objetivos no son un mero deseo, un sueño. Son el punto al que, de verdad, queremos llegar. De verdad de la buena. Sabiendo que no va a ser fácil, sabiendo de antemano que nos vamos a enfrentar a obstáculos y problemas de toda índole. Sabiendo que habrá que sufrir para alcanzarlos.

—> Si sabes lo que quieres, lo conseguirás

Cuando empezamos algo y lo abandonamos, lo más seguro que que nuestros motivos no fueran lo suficientemente sólidos, alineados con lo que somos —o lo que queremos llegar a ser, si lo sabemos—.

Posiblemente ese sea un buen momento para repensar aquello que queríamos obtener y ver si, de verdad, lo planteamos adecuadamente, vitalmente, o no pasó de ser un simple deseo que, con los objetivos que nos habíamos marcado, no nos motiva a esforzarnos y luchar.

Sin olvidar que a los objetivos les debe acompañar una estrategia, un plan de acción